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15 de diciembre de 2011 - Blog | diseño | finanzas | talento | tecnología - Autor: Javier Creus
¿Y si la solución fuera abrir? (en vez de cerrar)

Imagina que el instituto tecnológico, en el que llevas investigando años cómo desarrollar una placa electrónica fácil de utilizar por tus alumnos y todos los no iniciados en la electrónica, está amenazado de cierre.

Massimo Banzi, cofundador de Arduino, y su equipo decidieron publicar el diseño de su placa en abierto con una licencia CC (creative commons) que obliga a dar crédito a los inventores y a compartir las nuevas versiones de Arduino (BY SA). Aunque cualquiera puede manufacturar una placa idéntica, mucha gente escoge la ‘made in Italy’ a pesar de ser más cara. El equipo se ha convertido en la referencia en el diseño de hardware abierto y presta servicios de consultoría.

Imagina ahora que heredas una mina de oro en Canadá. Te gastas una fortuna en contratar a los mejores geólogos; consigues tener unos mapas geológicos muy completos, pero no descubres una pepita de oro.

Rob McEwn, propietario de Goldcorp, lanzó en marzo de 2000 el Goldcorp Challenge; publicó todos los mapas de los que disponía en abierto y ofreció 575.000 dólares a quien le ayudara a encontrar el oro. Los concursantes identificaron más de 110 áreas en el terreno, el 80% rentables para su extración. Se encontraron 8 millones de onzas de oro. Mc Ewen calcula que la colaboración en abierto le ha ahorrado entre 2 y 3 años de estudios de exploración.

Última, de momento. Imagina que eres una gran compañía como Oracle o Dell y estás desarrollando el prometedor negocio de la gestión de grandes masas de datos. Entonces aparece Hadoop.

Hadoop es un software de código abierto gestionado por la Apache Foundation que ofrece dos servicios, alojamiento de datos y su procesamiento, utilizando una técnica llamada MapReduce. Oracle, Dell, NetApp y EMC ya la están adoptando, acelerando así su difusión y contribuyendo a que el proyecto evolucione de forma sostenible y abierta. Te sumas.

Es el poder de lo abierto.

Aquello de lo que cualquiera puede disponer sin pedir perdón ni permiso. Empieza a haber demasiadas ocasiones en las que abrir, compartir, poner a disposición resulta más rentable que mantenerse cerrado.

Cuando lo abierto consigue congregar el interés y la participación de un número suficiente de agentes que lo explotan en su beneficio, a la vez que contribuyen a su desarrollo común, deviene imparable.

Los sistemas abiertos exploran simultáneamente todas la oportunidades disponibles para cualquiera de los agentes que participan y, a la vez, desarrollan su propia oferta integrando las innovaciones realizadas en cualquier punto del sistema. Las estrategias secuenciales, primero esto y después lo otro, sufren.

La cooperación entre agentes interdependientes que comparten un bien común arrastra, con cada vez más frecuencia, el centro de gravedad de industrias que parecían reservadas exclusivamente a los grandes actores. El software, el hardware, la educación, la ciencia, la innovación, el gobierno, hasta la producción de vehículos comerciales, se han visto ya afectados por lo abierto.

Parece que a la hora de crear (o salvar) un negocio hay que hacerse una pregunta nueva: ¿Todo cerrado? ¿Seguro?

Publicado en Yorokobu


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