23 de mayo de 2012 - Blog - Autor: Concha Wert
Alcides  Ghiggia y su gol salvador

Han pasado sesenta y dos años y  la gesta de Alcides Ghiggia sigue en el recuerdo de todos y cada uno de los tres millones de uruguayos, incluido el propio Ghiggia, que aún vive. Ghiggia era jugador de la selección uruguaya y fue quien marcó el segundo y definitivo gol que dio el triunfo a Uruguay frente a Brasil en la final de los mundiales de 1950.  David contra Goliat. Una hazaña aderezada con elementos externos, porque el gigante era jaleado por 250.000 seguidores que ocupaban las gradas de un estadio que se estrenó en aquellos mundiales, el de Maracaná, en Río de Janeiro. No faltaba ni un solo ingrediente para engrandecer la epopeya. Y Pipe Stein y Diego Lev se fueron a ver a Ghiggia con una foto de aquel gol y le pidieron que se la dedicase al Club de Creativos (trajeron otra copia también dedicada para la Asociación de Agencias de España). Era más que un regalo, era la forma de desearnos ánimo, suerte y de recordarnos que nada es imposible.

Hace dos años, Pipe Stein, en una de sus múltiples visitas a España, comentaba: “Me hace gracia escuchar a la gente decir que están pasando una crisis. Caminas por la calle y sólo ves gente bien vestida. Las calles están limpias, los edificios cuidados. ¿Dónde está la crisis?. Ustedes, los españoles, no saben lo que es de verdad una crisis”. Ahora Pipe ha encontrado otro escenario. La gente sigue bien vestida y la basura no se acumula en las calles, pero se palpa otro ánimo en la cara de la gente. Aún así, Pipe, un optimista irredento, avanza una noticia: “La crisis terminará, eso es seguro, porque todo acaba, y hay que pensar en lo que quedará luego, en cómo nos hemos portado con nuestros empleados, con nuestros clientes; eso es lo que importa”.  Sólo con esta reflexión ya demostró más visión que la gran mayoría de los que vivimos aquí. Y esa visión también la aplica al negocio: “Hay que hablar de principios, ¿no?”, dice cuando termina su intervención y te pregunta con la mirada cómo ha resultado la conferencia.

La conferencia sólo podía resultar en éxito. Su manejo de la comicidad es tan evidente que es inútil repetir sus chistes, pese a que son buenos, porque  él los hace mucho mejores, con su mímica, su mirada, sus paseos y sus paradas en el escenario. Su primo lo presentó como el mejor orador de Uruaguy. Habrá que creérselo porque no disponemos de datos que lo contradigan, y sobre todo porque vimos y escuchamos cómo se reía la gente, aquí en España, y en una plaza, la Complutense, dónde el público está curtido en conferencias.

Pero además, Pipe y Diego nos reconciliaron un poco con este país. España es el país de los contrastes, decía Pipe. “Me acuerdo cuando vine hace unos años; llego al hotel,  pongo la televisión y en un canal veo la retransmisión de la canonización de Escrivá de Balaguer, y en el siguiente veo a Javier Sardá y su programa de entonces. Y se veía como lo más natural”. La España de los contrastes y la permisividad es una visión romántica de este país, pero en estos momentos está bien creérsela.

Gracias, Pipe. Gracias, Diego, y  hasta la próxima


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