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28 de agosto de 2017 - día a | día c | Noticias
Manuel Jabois o cómo hacer una historia atractiva para el lector | c de c 2017

“Vengo a hablar en contra de la creatividad. Si hay algo que pueda destrozar el periodismo es precisamente la creatividad. Aunque podemos encontrar puntos de contacto interesantes entre las dos profesiones”. Esta fue la introducción que hizo a su ponencia en el c de c 2017 el periodista y escritor Manuel Jabois, actual columnista en El País y colaborador en La Ser.

Bajo el título, Periodismo sin adjetivar, Jabois ofreció una auténtica lección de periodismo, explicando su manera de entender la profesión y de tratar de atrapar al lector, a la audiencia, en un mundo hipersaturado de información.

Dijo que al igual que los apellidos pesan y coartan en ocasiones la libertad de acción, también lo hacen los adjetivos. “En un texto un adjetivo lo que hace es reducir, jerarquizar… De todos los adjetivos que se pueden poner al periodismo, el de creativo, es el peor. Tan malo que anula el propio periodismo. El periodismo es contar no crear, es un ejercicio pasivo, se trata de levantar acta (como dijo en su día José María García)… Los periodistas somos como notarios de la actualidad”, apuntó.

El periodista gallego recomendó huir del periodismo que se autocalifica de activista, social, incluso de deportivo (pero aún si es deportivo televisivo) o ciudadano. “Pero si oyen hablar de periodismo creativo, llévense la mano a la pistola inmediatamente…”, advirtió. Y aclaró, no obstante, que en los periódicos se pueden contar historias atractivas y estimulantes creativamente. “La diferencia entre periodismo y ficción es que, en el primer caso, los ingredientes los pone la realidad… Todos queremos escribir historias sexys, leer historias sexys.  Pero no se pueden omitir detalles o utilizar adjetivos para que la historia sea redonda. Se pueden, eso sí, usar herramientas de la ficción en la no ficción”, comentó.

También hizo referencia Jabois a lo difícil que es atrapar a la audiencia, al lector, en un momento como la actual, tan saturado de información y, a la vez, condicionado por las nuevas tecnologías. “En tiempos tan fragmentarios y con tantos estímulos externos que tratan de atraer nuestra atención, resulta muy fácil abandonar una lectura o incluso dejar de ver una película. Por ejemplo, consultando el móvil… Antes el lector gastaba para leernos, ahora no, la información es gratuita; y tenemos que esforzarnos más para que nos lean. El lector elige cada vez más algo que empiece con un hecho impactante”.

En este sentido, insistió en la idea de que hoy es más fácil que el lector abandone a los que escriben. “Por eso”, explicó, “cuando me pongo a escribir busco un primer párrafo impactante.  Que te lleve al segundo y al tercero. No se trata por tanto solo de contar una buena historia sino de hacerla atractiva para el lector. Que le emocione. Conseguir un equilibrio interno en la historia para que no desfallezca. No llenar el relato de efectismo y grandes escenas. Sino armonizar”.

 

La mirada del periodista

“El periodista es la mirada que tiene”, continuó diciendo, “que ha educado y esa mirada sí puede ser creativa, original. Una mirada diferente…”. En este punto, recurrió a contar sus comienzos en la profesión, en su tierra natal, en un periódico local donde debía arreglárselas para llenar dos páginas diarias…  También cómo, más recientemente, había enfocado el relato de algunas crónicas. Como la de la final de la Champions League, del año pasado, en la que decidió narrar lo ocurrido en el centro del campo durante la tanda de penaltis que iba a decidir el ganador del partido. O la del caso de Asunta, la niña asesinada por sus padres adoptivos en Galicia, en la que, tras conversar con la mejor amiga de la madre, optó por describir el ambiente y los detalles de la casa de la madre durante los días posteriores al hallazgo del cadáver de la pequeña. Un relato que los responsables del diario donde se iba a publicar le recomendaron volver a escribir porque les parecía que no resultaba creíble, que daba la impresión de ser una historia casi ficción. Dijo entonces que es ahí donde aprendió que “hay que contar por qué sabes las cosas. Evitar escenas como la que narraba Pilar Urbano en la biografía de Baltasar Garzón, en la que decía que cuando el magistrado se levantaba lo primero que hacía era ponerse el calcetín izquierdo… ¿Por qué lo sabía?, se cuestionó”. Y dijo que las dos respuestas que se le ocurrían le parecían igual de inoportunas.

 

Y como conclusión, Jabois dio su fórmula para atrapar al lector. “Lo mejor para que el lector no abandone la lectura es que participe en ella. Y no dejar de lado la creatividad a la hora de armar el texto, de ordenarlo”.  A lo que añadió: “Soy devoto de la frialdad y del blindaje sentimental cuando uno se tiene que enfrentar a una historia. Lo mejor siempre es evitar los adjetivos en la medida de lo posible, no solo a la hora de escribir sino también en la vida”.


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Donde: Kursaal. San Sebastián

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