La nota divertida de estas jornadas la puso el tenor José Manuel Zapata que cerró los Días C dejando un estupendo sabor de boca a los asistentes. En su ponencia, titulada ‘Cómo dar el do de pecho’, habló de la historia de esta ‘innovación disruptiva’ adornándola con divertidas anécdotas de su experiencia en el mundo de la ópera y ofreciendo en varias ocasiones sus grandes dotes de tenor.

Inició su exposición contando la historia del inventor del do de pecho. Dijo que hasta 1831 todos los tenores cuando llegaban a una determinada nota hacían lo que se conoce como un falsete. Pero ese año, el cantante francés Gilbert Duprez fue mucho más allá. Superando todos los prejuicios de la época fue capaz de llegar a una nota todavía más alta y profunda. Había nacido el do de pecho. “Duprez se arriesgó, no tenía miedo, tenía una fe ciega en el producto que estaba fabricando y, cuando lo tuvo a punto, se lo enseñó al mundo”, relató Zapata.

Contó también que cuando el compositor de óperas Rossini escuchó cantar el primer do de pecho a Gilbert Duprez, se quedó mal impresionado. Sin embargo, la competencia empezó a copiarle. “Adolphe Nourrit, un tenor de la época más importante que Duprez, hizo 3 cosas: intentar copiar el producto, negarlo diciendo que era una moda pasajera y, por último, intentar suicidarse.  Moraleja: si eres Nokia que no aparezca un Steve Jobs en tu vida porque acabaras suicidándote”, dijo.

Zapata continuó su recorrido por el siglo XX, hablando de Pavarotti, el mejor tenor de la época para el 90% de la población mundial. “Fue el que se adueñó de la marca. Concretamente en 1990, en las Termas de Caracalla, donde con su interpretación Pavarotti emocionó al mundo… Fue un innovador, acercó la ópera al gran público, a los espacios abiertos”.

Innovar o morir

También aludió al problema que tiene actualmente la ópera y la música clásica en general, que el público se les está muriendo. Y para evitarlo dijo, una vez más, que no hay nada mejor que la innovación, algo que en el mundo de la ópera pueden introducir tres agentes: los artistas, los compositores y los directores de escena.  “Los artistas podemos incrementar la belleza o dificultad de lo que hacemos. Pero los que realmente pueden innovar son los compositores, el problema es que la mayoría está para que les encierren. Por último, lo que hacen los directores de escena para innovar es coger una ópera y desestructurarla”.

“Necesitamos nuevos públicos, acercar a la gente joven a la ópera. La música es buena, da igual en qué año se haya compuesto. Sin embargo, no hay un instrumento que cause más emociones que una orquesta sinfónica”, afirmó.

Contó que, en su particular búsqueda de nuevos públicos, fue creando una serie de espectáculos en los que siempre utilizaba como elemento vehicular el humor. Un elemento que le sirvió, de nuevo, para innovar, creando un espectáculo en el que los miembros de su orquesta tenían que cantar y bailar.

Zapata finalizó su intervención dando 3 recomendaciones para lograr esa innovación disruptiva que ejemplificaba al comienzo con el do de pecho: no tener miedo, como hizo Duprez en su momento; autovalorarse de manera correcta, contrariamente a lo que hizo Nourrit, y emocionarse con el trabajo y emocionar a los demás, como Pavarotti. “Si somos capaces de transformar lo cercano, esteremos siendo un poco Bach, estaremos dejando huella”.